Historia

El Departamento de General Alvear tiene una de las escuelas más importantes, de acuerdo con censos de calidad educativa, que evaluaron escuelas secundarias públicas y privadas.

Este establecimiento educativo, una de las cinco escuelas dependientes de la UNCuyo, ha sido en época de florecimiento de la industria vitivinícola responsable de la formación y capacitación de enólogos, requeridos para su desempeño profesional, no sólo dentro de los límites de nuestra provincia sino también, desde otros puntos del país.

Para acceder a estos logros han transcurrido sesenta años de existencia. Tanto en su creación como en su desarrollo posterior, se destaca el aporte de personas en forma individual, instituciones del medio y toda la comunidad alvearense. Todos han contribuido para que cuente hoy con una infraestructura y un grupo humano, que permite que sus alumnos obtengan los mejores puntajes en sus ingresos a estudios superiores y alcancen niveles de excelencia en un mundo en el que la competitividad está en estrecha dependencia con la calidad de la preparación que han tenido.

Su creación: un sueño de pioneros

A comienzos de la década del cincuenta, el ya pujante desarrollo socio-económico del Departamento, que se daría con mayor énfasis en años posteriores, contrasta con la oferta educativa en el nivel medio. Se contaba, desde 1950, con el primer año del bachiller y el primero del comercial y, desde 1954, con el primer año del ciclo básico del Instituto San Antonio, quien sería el encargado de formar maestros alvearenses. Pero, no existía ninguno relacionado con las características de la zona vitivinifrutícola, que pudiera capacitar para lograr, con una preparación específica, hacer frente a las demandas locales.

Una preocupación dominante de los padres, en aquella época, era la imposibilidad para muchos de acceder a estudios medios, luego de concluir los primarios. Para ello, tenían que trasladarse a otros lugares más alejados, con los consecuentes gastos, que eran muy difíciles de afrontar. Ven así, una carencia en nuestro medio que significaba un desafío para todos, ya que de ser solucionada, favorecería el crecimiento y desarrollo de General Alvear. Hay que recordar que en las épocas de apogeo industrial en la zona, tanto como actualmente, se contó con una excelente producción de vinos y las bodegas contrataban los enólogos egresados de la Escuela de Agricultura con la que el sueño de aquellos padres dio significativos frutos.

Comienzan las reuniones de algunos vecinos con la participación del maestro Jorge Leguizamón, a quien llamaban el Napoleón de la comisión por su audacia y espíritu aguerrido y emprendedor, con una gran capacidad para sortear las dificultades que se les presentaban, gracias a las características de una fuerte personalidad. Constituyeron la primera comisión pro-creación de la escuela, a la que se sumaron los esfuerzos del legislador Gilberto Carlocchia y, principalmente, la del Rotary Club que fue la institución, que prestó un apoyo fundamental en la creación de la escuela.

Primeros pasos en la concreción de este proyecto

Una de las mayores preocupaciones era el edificio para que la escuela pudiera funcionar. Se logra contar con el predio y lo que fueron las instalaciones de la excorporación de fruti-horticultores de Alvear Oeste, que tenía una vivienda en la que posteriormente se ubicaron las dependencias administrativas de la escuela y tres paredes que correspondían a un secadero. De estas paredes, gracias a la colaboración de muchos, surge la primera aula, que alojó a los alumnos y a la cual le faltaron los vidrios hasta bien llegada la primavera.

Pero, ¿cómo pudo lograrse la adecuación de esta propiedad para que funcionara allí una Institución escolar? Jorge Leguizamón consigue que Mauricio Bautista Bordano, a cargo de la cátedra de construcción en el Instituto del Trabajo, que funcionaba en la actual escuela Carlos María de Alvear, realizara las prácticas con sus alumnos en la refacción de las instalaciones existentes. Así, se logra contar con un aula y un laboratorio y, año tras año, se van agregando aulas conforme a las necesidades. Faltaban materiales para estas tareas como ocurrió con el arco de entrada. En sus comienzos, todos los vecinos trataron de aportar aquello con lo que contaban, se tratara de ladrillos, álamos, como así también crédito en empresas comerciales, que difícilmente podía pagarse. Otro vecino, aportó su trabajo de carpintería.

Inauguración de la escuela "Irineo Fernando Cruz"

El diario “La Libertad” del 21 de julio de 1954 hace referencia a la inauguración de esta escuela, dependiente en sus primeros tiempos del Instituto del Trabajo. Su primer nombre fue el de Irineo Fernando Cruz, en memoria del rector de la Universidad Nacional de Cuyo, recientemente fallecido en esa época y a quien se le reconocía participación en la iniciativa educacional.

Del citado diario “La Libertad” y de la “Voz de Alvear” surge en detalle el desarrollo del acto de inauguración de la actual Escuela de Agricultura, oportunidad en la que se descubrieron dos placas en el arco de entrada y se entregaron medallas a los alumnos que construyeron el edificio.

A partir de este momento, todo pasa a formar parte de la historia de la escuela, como el inicio de las clases el 19 de abril de 1954 con 33 alumnos inscriptos en el primer año.

Pero, ¿qué otras cosas ocurrieron aquel día de la inauguración? Era el día más importante en la historia de la escuela. Y, también el más inolvidable. Iniciaría sus labores como responsable de la formación de muchos alvearenses, que pasarían por sus aulas. Las autoridades de la UNC en un principio no se habían sentido muy satisfechas con la propuesta que los alvearenses les hacían, máxime cuando desde San Rafael había intereses relacionados con el hecho de contar aquel departamento con una escuela dependiente de la UNC. Pero, las autoridades de esta casa de estudios se harían presentes y había que demostrar que se reunían las condiciones como escuela con orientación agrícola. ¿Cómo sortear las dificultades derivadas de la escasez de elementos materiales? ¿Cómo solucionar el problema de tales carencias? Y, una vez más, los vecinos dieron muestra de su espíritu de colaboración. Sin desesperar, se fueron haciendo presentes unos y otros trayendo gallinas, conejos, útiles de labranza, caballos y hasta una vaca con ternero y una nutria. Llegaron con antelación y fueron los últimos en retirarse. El laboratorio fue prestado por el ingeniero Roscio y correspondía a una bodega de su propiedad conocida como "Las Acacias". Se debe destacar que en oportunidad de ser requerida determinada cantidad de hectáreas para poder funcionar como dependiente de la UNCuyo, el ingeniero Cremaschi donó una cantidad de hectáreas que ampliamente superaba las pedidas.

En ocasión de ese acto, se destacó la labor realizada por los alumnos en cuanto a limpieza, pintura y remodelación de espacios para adecuarlos, por ejemplo, a la cría de animales.

Cuentan algunos de los que se encontraron allí presentes, que las autoridades de la UNCuyo se mostraron muy satisfechas con el equipamiento de la nueva escuela, viendo con muy buenos ojos la dependencia de la escuela de la prestigiosa Universidad.

La capacitación ofrecida a los alumnos

En los primeros tiempos, se trató de dotar a los alumnos de los conocimientos necesarios para lograr así una mejor y mayor producción de nuestros suelos.

El primer plan de estudios incluyó conocimientos y confección de planos edafológicos, de aguas, que permitieran determinar qué plantaciones y cultivos eran los más adecuados para la zona, además de la capacitación brindada en el área enológica y una buena formación humanística.

Se habían tomado como modelo los planes del Liceo Agrícola “Domingo Faustino Sarmiento”, escuela secundaria dependiente de la UNCuyo.

Con posterioridad, se dieron algunos cambios: A partir de 1958, se establecieron seis años en la duración de los estudios. En 1963, cinco años para obtener el título de Bachiller, debiéndose hacer un año más y las prácticas de bodegas para obtener el título de Enólogo Nacional.

La Ordenanza 109/65 del Honorable Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Agrarias, ratificada por Ordenanza 34/65 del Consejo Superior de la UNCuyo, estableció los seis años, al final de los cuales se obtenía el título de Bachiller y Técnico Agrario. Con las prácticas de bodega realizadas y la presentación de una monografía y su posterior aprobación se alcanzaba la graduación como Enólogo Nacional.

Así, desde 1959 la Escuela de Agricultura fue el semillero de excelentes enólogos, que se han desempeñado en distintos sitios de nuestro país.

Con la sanción de la Ley Federal de Educación, el plan de estudio tuvo nuevamente transformaciones importantes. Se creó el Departamento de Aplicación Docente de la FACAI, que se encargó del desarrollo del Tercer Ciclo de la EGB y se implementó el nivel Polimodal. Se tomaron, en la Institución, dos de las modalidades propuestas: Ciencias Naturales y Producción de Bienes y Servicios, articulando éste con el TTP en Producción Agropecuaria.

Su infraestructura edilicia

Sobre los planos del proyecto de transformación del ya citado secadero, en edificio escolar, obra de Leguizamón y Bordano, trabajaron los alumnos de la escuela N°12, dependiente del Instituto del Trabajo, quienes se dedicaron a construir paredes faltantes, cielorrasos, pisos y, también aberturas. Se tenía que trabajar sábados y domingos porque no alcanzaba el tiempo.

Poco a poco, se logró contar con lo que actualmente se conoce como la “escuela vieja”.

En 1970, gracias a la comisión de padres, se tiene la bodega piloto.

En 1979, se coloca la piedra fundacional para el nuevo edificio.

En 1974, se había construido el gimnasio cerrado, lo que permitiría ampliar las instalaciones para la realización de las Olimpíadas deportivas.

La inauguración del nuevo edificio, “la escuela nueva”, se realiza en 1989, contando con la presencia del Rector Armando Bertranou y el Director del establecimiento, Ángel Nicosía.

La Escuela siguió completando el proyecto edilicio original con la inauguración del ala Este en el año 2007.

Las modernas instalaciones con que cuenta en el presente permiten desarrollar con comodidad tanto las tareas en el aula como en las prácticas agrícolas.

Evolución Burocrática Institucional

En sus comienzos, la escuela Irineo Fernando Cruz dependió del Instituto del Trabajo. Con respecto a su denominación, después del golpe de estado de 1955, dejó de usarse y se perdió con el transcurso del tiempo. Hoy, simplemente, se la conoce como Escuela de Agricultura.

Históricamente, son fechas importantes la del 19 de abril de 1954, en que inicia formalmente su labor, como también el mes de abril de 1956, ya que por Ordenanza 16/56 de la UNC, se determina la dependencia de la Facultad de Ciencias Agrarias. El 30 de septiembre de 1958, por ley provincial, se produce el traspaso de tierras de propiedad provincial, en total cuatro hectáreas y fracción a la UNCuyo.

En los primeros tiempos, su personal trabajó sin percibir remuneración alguna. Luego, cuando se estableció la definitiva relación con la UNCuyo, ésta pasó a aportar un porcentaje del sueldo de su personal y con el resto contribuía la comisión pro-escuela.

En la actualidad, ésta como las otras escuelas de la Universidad, dependen de la Dirección General de Enseñanza Polimodal. Cuenta con 374 alumnos y su personal es de 140 en su totalidad.

Las Olimpíadas de la Escuela de Agricultura: Organización de la Primera Olimpíada y permanencia de las mismas durante 49 años

En 1966, a raíz de la idea del profesor Valentín Rodríguez compartida por un grupo de alumnos, se realizan los primeros juegos intercolegiales para recaudar fondos para el viaje de estudios, actividad que se ha mantenido a lo largo de 49 años.

Las primeras olimpíadas se desarrollaron en las instalaciones del Club Ferro Carril Oeste. Posiblemente, sus organizadores no tuvieron en esos días, idea de la amplia repercusión y proyección que iban a alcanzar en el futuro. Su celebración coincide con los festejos departamentales y la Semana de la Universidad.

En 1996, las Olimpíadas son declaradas de interés nacional por el Ministerio del Interior de la Nación.

Desde aquel año, olimpíadas tras olimpíadas, transitan por las calles de General Alvear jóvenes provenientes de distintos puntos de nuestra provincia y de otras como Tucumán, Santa Fe, San Juan, La Pampa, San Luis, Río Negro, Buenos Aires y también de la República de Chile y de Uruguay.

Es destacable el espíritu laborioso y de responsabilidad de los alumnos encargados de su realización, como también la participación de autoridades y personal de la escuela y de todo el pueblo alvearense, que durante esa semana ofrece albergue en sus hogares a los jóvenes visitantes. La ciudad se anima, se percibe en el ambiente un aire de festejos, tanto para los jóvenes como para los mayores, que reviven sus años de juventud y por qué no, su lejana “participación en las Olimpíadas de la Escuela de Agricultura”. El espíritu deportivo cunde por doquier y los habitantes de General Alvear junto a los festejos departamentales, disfrutan de los acontecimientos deportivos, que atraen considerable cantidad de público.